Medidores infantiles

El peque crece y crece y no hay quien le pare. Y me lo dicen de semana a semana, que está estirando mucho y yo sin enterarme. Así que ya, sí que sí, ha llegado el momento de poner un medidor en la pared y empezar a embadurnarlo todo de rayitas con lápiz para sorprendernos, alegrarnos y entristecernos a partes iguales.

He realizado una búsqueda de medidores de vinilo para pegar en la pared, porque me parecen mucho más cómodos y sencillos que los de madera o de cualquier otro tipo. Y éste ha sido el resultado de tanta investigación. He seleccionado los vinilos más animados y bonitos que he encontrado, pero, sobre todo, que casen con la decoración de la habitación: toda en blanco con toques de color y pequeñas pegatinas de animales en la pared. Todavía no me he decantado por ninguno ¿cuál es vuestro preferido? Las imágenes están sacadas de las webs de cada marca.

De la web de Nicolasito me ha enamorado este búho azul. Cuesta 37 euros, el diseño es muy bonito y casa a la perfección con el estilo de la habitación. Pero sobre todo me ha gustado que incluye unas pegatinas en las que puedes escribir la edad y la altura (y el peso si quieres) sin manchar la pared. Además, el niño puede ayudar a pegar las pegatinas, así que lo veo como una gran opción.

Nicolasito

Este otro medidor de Decoiluzion me gusta mucho. Cuesta 46,50 euros y  está ambientado en el circo. Las pequeñas nubes de la derecha van marcando la altura. Precioso para una habitación menos clásica.

Decoiluzion

¿Subes? es como se llama este medidor de Chispum. Con un precio de 40 euros, es muy original y lo veo perfecto para una habitación de niña un poquito más mayor.

chispum

Este vinilo medidor Love, de Infantdeco y con un precio de 39,90 euros me tiene enamorada. Es muy sencillo pero bonito y los pajaritos encajan muy bien en la habitación (me encantan).

Infant deco Love

He buscado también en Leroy Merlin, donde tienen vinilos decorativos interesantes y a buen precio. De hecho, es el que elegimos para la habitación de nuestro hijo, unos muñequitos del bosque que siempre le han llamado la atención. Éste es un vinilo, el árbol buho, de 18,95 euros, para los más coloristas y ahorradores. Me gustan los colores pero creo que no pondría todas las pegatinas, quizás recortara un poco las ramas para que el árbol no quede tan sobrecargado. Como en el primer ejemplo, incluye unas pegatinas con huecos en los que escribir las alturas.

arbol buho leroy merlin

Por cierto que también de Leroy Merlin me he quedado prendada de estas letras decorativas, perfectas para hacer un friso, para un rincón de lectura o para poner debajo de una estantería (18,95 euros).

Leroy Merlin letras

Con lo que me gustan los animales no podía dejar pasar por alto este medidor de animales del bosque tan realista. A los niños amantes de la naturaleza les tiene que chiflar. Es de Decoratualma y cuesta 59,95 euros, e incluye también pegatinas con formas de hojas donde escribir la altura y la edad.

¿Os gustan estas opciones? ¿Tenéis un medidor en la habitación de los peques?

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Aprender a dormir solo en la cuna sin lágrimas (un cuento para conseguirlo)

Hemos conseguido, a los 21 meses, -que se dice pronto-, que el pequeñín de la casa duerma solo en la cuna y no en brazos, como hacía hasta ahora. Llevamos dos semanas de récord y ya me atrevo a decirlo en voz alta. Hemos sentado rutina. Por fin, una de nuestras batallas pendientes ganada.

Y si no lo hemos conseguido antes es porque no hemos querido dejarle llorando con la cabeza entre los barrotes cada noche. El éxito (tardío) de nuestro método es que apenas ha llorado. Protestó el primer día, claro, porque en brazos y pellizcando a diestro y siniestro se está mejor, pero dos días después, eso era historia.

bañera

Ya tuvimos una intentona en verano, pero apenas nos duró tres días. En esta ocasión, en cambio, nos han ayudado las circunstancias. En un mes ha madurado: entiende todo lo que le decimos y nos vemos con fuerzas de explicarle las cosas (y sin frustrarnos porque aún no habla y no nos puede contestar) Además, lleva casi cuatro semanas durmiendo la siesta en la escuela infantil, solo en su colchón junto a los otros niños, algo que nos parecía impensable. Si allí podía, ¿por qué no en casa?

Como ya no se echa una siesta por la mañana y acaba el día mucho más cansado, era el momento perfecto para volver a intentarlo. Y ahí ha entrado en juego Pepito, la clave de nuestro éxito. Un cuento, inventado por el padre de la criatura, que habla de un niño pequeñito llamado Pepito (es clave decirlo con voz de pito o haciendo algún ruido sonoro con la boca), que no sabía hacer nada solito.

Pepito no sabía comer solito, ni dormir solito, ni vestirse solito, ni jugar solito. Todo se lo hacían sus padres. Hasta el día en que fue al cole y vio cómo los demás niños sabían hacer todo. Un día, uno de ellos le dijo que era Pepito Chiquitito. Pepito le preguntó por qué le llamaban así y le contestaron que porque parecía un bebé. Desde aquel día, Pepito decidió hacer las cosas él solito, porque ya era mayor. Su madre estaba contentísima con el cambio. Desde entonces, Pepito hizo todo o casi todo solo (porque no podía bañarse solo ni cruzar la carretera sin darle la mano a sus padres) y le encantó ser mayor.

dormido1

Haciendo hincapié en una escena diferente para no aburrirnos, este cuento se lo hemos contado cada noche después de dejarlo en la cuna, junto a un cojín muy suave que le gusta acariciar y que hemos estrenado para la ocasión. Con las luces apagadas y el proyector de estrellas encendido (con el temporizador puesto para que se apague, bendito invento), me quedo sentada en el suelo junto a él hasta que se duerme. Y si se despierta a media noche lo repetimos todo punto por punto: brazos, mimos, un poco de agua y a la cuna como Pepito.

Ya no paso media hora como mínimo teniéndolo en brazos hasta que se duerma, soportando más de once kilos encima y con la presión de que dejarlo en la cuna de un modo brusco pueda despertarle, dar al traste con todo, y vuelta a empezar. Ahora apenas me quedo junto a él, se duerme en dos minutos. El siguiente paso será irme de la habitación nada más dejarle y que se quede tranquilo.

El cuento ha sido un exitazo. Y no lo negaré, está inspirado en el pequeño de casa y de su clase (lo malo de nacer en diciembre). Funciona y demuestra lo mucho que aprenden los niños a través de los cuentos y la lectura.

¿Vuestros hijos también aprenden a través de los cuentos?

Tweekaboo, un álbum digital diferente para el bebé

Este verano se puso en contacto conmigo Tweekaboo, una empresa que ha montado una especie de red social privada donde cada familia pueda compartir y comentar fotos de sus bebés. Me pidieron que probara su nueva herramienta para hacer un álbum digital con las fotos de mi pequeño. El tema de la fotografía me entusiasma, y más aún el de editar álbumes digitales (como conté aquí), así que no tuve que pensármelo mucho para aceptarlo.

Adelanto ya que éste es un álbum digital diferente, y que no está basado en las fotos, sino en los momentos que quieres recordar de tu bebé o de tu hijo. Tweekaboo sirve también como diario privado del bebé, donde los padres podemos guardar momentos como la irrupción de su primer diente, ese momento en el que se puso un gorrito gracioso y no nos dio tiempo a ir a por la cámara reflex o su primer día de guardería.

He aprovechado la oportunidad para hacer un álbum sobre nuestras vacaciones, pero desde el punto de vista de mi hijo. Una especie de cuento en el que vamos destacando nuestros mejores momentos desde junio hasta septiembre y en el que tienen cabida la playa, la piscina, las fiestas de los pueblos y los ratos en casa. Después de hacer un álbum de fotos para la guardería, éste álbum nos lo guardamos para leerlo por las noches en casa. El resultado ha sido éste:

portada

álbum digital del bebé, Tweekaboo

interiores

La verdad es que el álbum me ha sorprendido porque gana mucho impreso. Es más sencillo que cualquier otro digital, pero el formato y la impresión están muy cuidadas. Es un álbum coqueto y elegante, un poco más ancho que un cuaderno y muy manejable.

Tweekaboo funciona registrándote en su web o descargándote su app. La aplicación para el móvil (de momento sólo para iPhone, pero están desarrollando la versión Android) es muy sencilla y me ha gustado más, porque permite editar la foto sin tener que irte a otro programa, pero sobre todo porque la mayor parte de las fotos y de los momentos importantes los tenemos en el smartphone. Lo mejor de la app es que cada vez que haces una foto le insertas la fecha, una descripción y puedes compartirla con quien quieras de tu familia para que le añada un comentario. Así queda al añadir dos fotos de nuestro verano, por ejemplo:

El álbum es tan sencillo como unir esos momentos, elegir cuáles van en un tamaño más grande y cuáles son más pequeños, borrar si se quiere algún comentario o editarlos, y elegir la portada.

Además, para la gente muy activa en Facebook permite importar las fotos desde esta red social, con los comentarios que pusieron en su día. En mi caso, que apenas cuelgo fotos de mi hijo, no me ha sido de mucha utilidad, pero para quien sube absolutamente todo, ya tiene el trabajo hecho. También se pueden subir las fotos que tenemos guardadas en el ordenador, por supuesto.

Por ponerle pegas, me gustaría que se pudiera editar los tamaños de las fotos del álbum y la posición de las descripciones de cada imagen, sin que estuviera tan estandarizado. Aunque bien es cierto que así perdería en sencillez de manejo.

Por cierto que si te interesa probar y hacerte un álbum Tweekaboo hay un 10% de descuento para los lectores del blog. Para que sea efectivo, a la hora de pagar el álbum hay que introducir el código yademasmama

Parecidos razonables

Tengo un hijo polifacético perdido. No es que sólo sea un pequeño troglodita, es que en sus andares y aficiones últimamente es clavado al cocinero Alberto Chicote. Se le parece, sobre todo, cuando sale cabreado de las cocinas guarras de los restaurantes que rescata y se acerca a la cámara a recalcar que son los más cerdos que se ha encontrado nunca. Creo que es porque al pobre nene aún no le ha salido el cuello y, si le ha salido, sube tanto los hombros para andar que como si no lo tuviera. Va con la tripita hacia adelante y con un andar un tanto inestable que le hace irresistible.

A mí me lo recuerda desde su más tierna infancia y tengo la prueba. Con cerca de tres meses, en un momento en el que bostezaba, le cacé en una foto con su misma cara. Yo azuzo la faceta de Chicote de mi niño para que aún le tire más la cocina, pero no hace mucha falta porque parece que lo lleva en la sangre y se desenvuelve entre sartenes que da gusto.

Pero el pelo le desentona. Su corte de pelo natural es bastante nazi. Nació sin patillas y 20 meses después sigue sin ellas y ya ni se les espera. Si lo ves de lejos, es como si le hubiéramos rapado al cero el pelo de delante de las orejas y un poco más. En alguna ocasión, en petit comité, le hemos peinado raya en medio y le hemos manchado el bigote con nocilla para reírnos a gusto.

Pero fuera de bromas, algo de alemán tiene el pequeño. Quizá lo haya heredado de mí, que me gusta hacer listas y la organización más que a la propia Merkel. El caso es que el niño, que por no hablar aún no dice ni sí ni no, de repente me suelta un ‘da’ medio germano que me deja muerta cuando le pregunto si quiere leer un cuento. Y sus gritos y sus hablares suenan bastante alemanes, por qué negarlo.

Saca la mejor de sus sonrisas cuando se acerca al cajón de las cacerolas para que le deje una (mente alemana) y no hay quien se la quite en toda la tarde, metiendo y sacando macarrones como si no hubiera un mañana. Un pequeño estratega con alma de Chicote.

Los cien usos de las muselinas

Uno de los regalos a los que más partido saqué durante las primeras semanas de mi hijo fue una colección de pañitos de gasa de algodón que me regaló mi madre cuando estaba embarazada y que no sabía ni para que servían. Pero en cuanto empezamos con el pecho le encontré muchísimos usos. Me los ponía al hombro a la hora de sacarle el provecho a mi bebé, le limpiaba los restos de leche de la cara o me quitaba las gotas de leche que caían de los pezones. Guardé un pañuelo en cada rincón de la casa y así los tenía a mano en cualquier sitio.

Después me enteré de que aquellas gasas, en tamaño extra-grande, eran las muselinas. ¡Y yo que protegía el capazo del sol con una de mis pashminas blanca! Me hice con una de algodón y de estrellitas grises de Aden+Anais que compré en lesemmes.com y desde entonces le he encontrado mil usos.

muselinas

Me encantan porque cuanto más las lavas, más suaves son, no pesan y se pueden llevar a cualquier lado. Son de fibra de algodón, muy finas y cómodas. Estos son los usos que yo he recopilado, ¿hay algo para lo que no se usen?

  • Para cubrirse cuando se está dando el pecho
  • Para enrollar al bebé recién nacido en un arrullo y que se sienta seguro y cómodo
  • Como sábana en verano (tanto en la cuna como en la silla o capazo)
  • Como manta de juegos en la calle o para sentarnos a jugar en el césped
  • Como sábana bajera cuando vamos de viaje (el bebé siente el olor familiar y no extraña la cuna)
  • Para cubrir la silla cuando el bebé duerma y para que tenga más intimidad
  • Para limpiarle en alguna ocasión las babas o lo que haga falta
  • Para cubrirle en el coche en verano cuando llevamos el aire acondicionado encendido
  • Como cambiador cuando salimos de casa
  • Para dar sombra al carrito del bebé (funcionan mejor que la sombrilla, siempre y cuando se deje un hueco para que corra el aire)
  • Como toalla en la piscina o en la playa

Y si las muselinas de algodón son increíbles, aún lo son más las de fibra de bambú. Acabo de descubrirlas y son igual de ligeras pero mucho más suaves.

Siguen siendo de fibras naturales, y esto no es una tontería. Se aconseja que los bebés, -y todo el mundo en general, pero sobre todo en el caso de recién nacidos- se cubran con tejidos de este tipo y no sintéticos, porque son más cómodos, transpirables y resistentes. Puesto que no contienen elementos químicos no irritan las pieles más delicadas. Y si el algodón es orgánico, aún mejor, como se explica en este artículo de Le Petit Baobab. Por cierto que también hay sábanas de cuna, sacos de algodón, baberos, dous dous y arrullos del tejido de las muselinas (y sus estampados) Las sábanas tienen muy buena pinta, aunque son más caras que las habituales (en la imagen inferior, las de adenandanais.co.uk).

aden+anais sabanas

¿Me he dejado algún uso de las muselinas?

Cuando el parto acaba en trauma

Últimamente leo y escucho muchas experiencias de parto bonitas pero pocas como la mía. Y sé que somos muchas mujeres las que sufrimos por ello y las que cambiaríamos nuestra historia de alumbramiento de cabo a rabo. Cuando el parto es peor de lo esperado y deja heridas que cuesta cicatrizar, normalmente no se habla de ello. Yo misma nunca he escrito de ello, no me he atrevido. Por no contar penurias, no asustar a las embarazadas y no volver a llorar mientras lo hacía. He tardado tiempo en asumirlo, pero ya puedo decir que he superado mi trauma.

Sé que hay partos mucho peores que el mío. Muchas veces, al contarlo, me han dicho “bueno, lo importante es que el niño está bien”. Y sí, es cierto, está bien, pero eso no ayuda a cerrar la herida. Porque no salió como pensaba, no fue lo esperado, fue mucho peor. Todas las mujeres queremos y soñamos con un buen parto, vaginal a poder ser, con una dilatación rápida y mínimamente instrumentalizado. Pero en el mío se juntaron muchos factores y no salió como había imaginado.

Me ingresaron para provocar el parto por preeclampsia (aquí y aquí dos enlaces de Matronaonline que lo explica), tres semanas y un día antes de la fecha de parto prevista. El bebé venía con bajo peso y la placenta presentaba calcificaciones, así que quisieron adelantarlo para que el bebé creciera fuera lo que no hacía dentro. Un parto provocado con oxitocina es muy artificial y doloroso. Yo no lo sabía entonces y me planteé esperar todo lo posible sin la epidural, hasta que no pude más. Estando al límite de la locura aún tardaron una hora más en ponérmela porque me faltaban unos análisis. Me administraban la oxitocina a toda velocidad, para que el trabajo se agilizara por el riesgo que corríamos tanto el bebé como yo. Y entre tanto, me metían y sacaban al quirófano porque había sufrimiento fetal. En una de estas idas y venidas, ya no volví a la sala de dilatación.

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