Espejismos dentales

Últimamente no hacemos más que tener espejismos. Más que unos padres, parecemos una pareja de sedientos perdidos en un desierto. Hace tres semanas, el nene tuvo un día malo y no hacía más que lloriquear sin motivo. Estábamos convencidos de que por fin le iba a salir su primer diente. Incluso su padre llegó a verlo. Tuvo una aparición mariana en la encía y creyó ver una punta blanca que intentaba asomarse. Y yo, contagiada de la emoción del momento, acabé pregonando que en unos días tendríamos diente. ¡Habemus diente!

Y ni rastro del piño. La semana pasada, cuando le subió la fiebre sin tener ningún otro síntoma, volvimos a apostar porque sería por un diente. Hasta que la pediatra que le examinó nos dijo que ni había diente ni visos de haberlo. El enano va a cumplir el año y sigue desdentado perdido. El tema se ha convertido en un chascarrillo más, y cuando comentamos qué tal ha ido el día, siempre nos reímos de los bebés de 6, 8 o 9 meses que hemos visto en el parque o en la compra luciendo dentadura. Así que ya no nos preocupamos por el diente, cuando quiera, vendrá. Casi que mejor si tarda, más gracioso estará. Además, seguro que nos pilla desprevenidos.

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