Balones y muñecas

Mi hijo, sin yo quererlo, es un chico chicazo. Y no deja de sorprenderme ver cómo se ha convertido en un loco de los balones. ¿Genética? Esa debe ser la explicación, porque no encuentro otra. El día que vio una pelota se le iluminó la cara. Ahora, es su juguete favorito. Cualquier cosa sirve como balón, porque lo importante es que ruede por el suelo como sea. Por eso, estos días que estamos de vacaciones, su pelota es una naranja que hemos sacado clandestinamente del bufet del hotel. No sé qué pensaran las mujeres que hacen la limpieza en la habitación y que cada día encuentran una fruta esférica en la cuna, pero no deben extrañarse mucho, porque siempre la dejan cuidadosamente sobre las sábanas limpias.

Cuando no es la naranja, es mi crema para la cara. La he visto rodar por toda la casa y casi hacerse añicos. La cosa es que la pasión por el fútbol le ha venido sola. Yo me he esforzado en enseñarle a jugar a las construcciones, le leo cuentos cuando me cierra los libros para que me calle y saco a pasear los cinco lobitos a la mínima de cambio, pero él mira para el otro lado. Y si le enseño una muñeca, la toca, la araña con esas uñas de bebé endemoniadas (que crecen en un día y me tienen completamente marcada), y si te he visto no me acuerdo.

Desde pequeño le he educado sin importar que fuera una chica o un chico, con mimos, caricias, canciones y juegos de manos. Pero desde hace un tiempo, quizá desde que empezó a gatear, prefiere otras cosas: coger juguetes y estrellarlos contra el suelo o las paredes, los ruidos fuertes y que le lancen al aire. Atrás quedaron las canciones suaves que me inventaba para él o los movimientos de manos, pero no pasa nada, yo me reinvento como Madonna.

O esto viene dado, o su padre le ha puesto vídeos de Osasuna durante meses sin que yo me enterara. De todas formas, lo del balón se le da bien, así que vete a saber si nos saca de pobres. ¿Vuestros bebés también son así? ¿Creéis que los comportamientos de chica y chico vienen predeterminados o son aprendidos?

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