El primer día de nieve (todo es el primer)

Confieso que soy muy sentimental y de lágrima fácil. Muy fácil. Puedo llegar a llorar por la muerte del personaje de una película de la que sólo he visto cuatro minutos mientras hacía zapping. Mi pareja da fe de ello. Este defecto, -a veces es terriblemente embarazoso no poder controlarlo-, se agudizó cuando me quedé embarazada. Esos meses las hormonas me convirtieron en un ser aún más emocional, y tras el parto no se arregló. Sigo igual, o parecido.

No es un drama, pero es inevitable que se me escape una lagrimilla si veo una foto de mi bebé recién nacido o si bajo al trastero a por la ropa de temporada y encuentro los bodies y pijamitas de primera puesta. De hecho, me emociono hasta por cosas que supuestamente deberían emocionarle a él.

Ayer estuvimos pasando el día en la nieve, su primer día de nieve. Sólo por el mero hecho de serlo, ya tenía mis hormonas en ebullición desde el punto de la mañana. Fue aparcar el coche, salir a pisar la nieve y soltar una lagrimilla. Totalmente sobreactuado, ¿verdad? Que se lo digan a nuestro pitufo, que ni se inmutó. Miraba fijamente el paisaje blanco, eso sí, como extrañado, pero sin demasiadas alegrías.

Mientras yo no cabía en mí de la emoción, el enano iba sobre del trineo que empujábamos por un camino llano como si la fiesta no fuera con él. Todo marchaba bien hasta que echó la mano fuera y se topó con la nieve. La sensación helada no le gustó ni un pelo, así que ahí empezó a llorar y a protestar. Conseguimos convencerle de que aguantara un poco más en el trineo, por no irnos a los cinco minutos de llegar, entreteniéndole con los niños y perros que iban pasando por el camino. Y al final, hasta se lo pasó bien.

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Entonces llegó el momento de las fotos, claro. Lo más interesante de las fotos con niños es el making off. Nuestro secreto es siempre el mismo: las galletas. Galletas para que se ría ante su pastel de cumpleaños, galletas para que se sonría sobre el trineo o para que eche una carcajada a la hora de hacerse la foto del carnet. Una vez más, las galletas nos salvaron la estampa de familia feliz. Y al llegar a casa y descargar las fotos, emoción de nuevo: vaya fotones.

Es que lo del primer me puede. Y con un bebé, todo es primer. Su primer diente, su primer baño, su primer día de piscina… todo me conmueve. Será por influencia de las películas, porque en la realidad los primeros de todo llegan casi sin darte cuenta, en el momento más imprevisto y si no estás al loro, se te pasan. Lo mejor es que nos quedan aún muchísimos primeros: la primera palabra, sus primeros pasos, el primer día de guarde, la primera vez que coma solito… Quizá para entonces las hormonas me den una tregua y si no lo hacen, seguiré viviendo todo intensamente, aunque el rímmel no me aguante. ¿Vosotras también vivís así todos estos momentos? ¿Seguís tan hiperhormonadas como yo?

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8 pensamientos en “El primer día de nieve (todo es el primer)

  1. A mi también me pasa que soy de lagrima fácil y muchas veces no lo controlo y me apuro mucho!! Después del parto sí que lloraba hasta con los anuncios de Dodot, luego ya se me fue pasando un poco, pero me parece muy bonito emocionarse por esos primeros momentos! 🙂

  2. Llorar yo? No mujer, no. Jajajaja! Si te digo que el sábado lloré viendo a unas niñas que no conocía de nada hacer gimnasia rítmica en el polideportivo! jeje
    Pero lo mio no es nuevo, ya era una llorona antes de ser ama, así que no espero cambiar.
    Con lo único que me sorprendí fue con no llorar tras el parto cuando pude coger a la patita por primera vez, y eso que siempre he llorado viendo nacer a otros bebes aunque sea en la tv. Me dieron ganas de llorar mientras ya nos subían a la habitación, pero como no me dejaron sola ni un momento no me pude desahogar a gusto 😦
    UN besito!

    • ¡Entonces eres de mi club! Pues no nos queda nada… Te entiendo perfectamente con lo de la gimnasia, jajaja!
      Tenías que haberte desahogado a gusto, qué más dá. Ese era un momento en el que nadie te podía reprochar que soltaras lagrimones de cocodrilo. Yo en el hospital acabé con los ojos como un besugo 😉 Muchas gracias, mamá pata!
      (Por cierto, tú que sabes de ésto, tienes que aconsejarme una buena silleta ligera para dejar la Jané Ryder ya)

      • Eso esta hecho!
        Si quieres envíame un email con lo que más o menos necesitas o te puede ir bien, y que presupuesto barajas y te comento. O envíame privado por tuiter, lo que prefieras.
        Hablamos,

  3. Yo recuerdo haberme emocionado la primera vez que vi a mi hermano y mi cuñada cambiar el pañal a mi primera sobrina… jijiji, incluso con películas de niños como Monstruos S.A. me emociono. En fin, qué se le va a hacer, algunas somos así de sentimentalonas, pero sí es verdad que así se viven las cosas intensamente, yo en las películas me meto muchísimo en la historia, jajaja.

  4. Pingback: Volver a tener un recién nacido en brazos: ¿Para cuándo el segundo? | Y, además, mamá

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