Aprendiendo a educar

Ahora que el enano ya va camino de los quince meses y entiende lo que le digo (al menos parte), se me plantea un nuevo desafío, el mayor al que nos hemos enfrentado hasta la fecha: ¿cómo empezar a educarle? Aquí está el lío. Instaurar hábitos, enseñarle a hablar y acompañarle en sus primeros pasos es pan comido comparado con lo que se nos viene encima (y eso que aún son frentes abiertos).

Nos dicen que hay que escuchar al niño, ser comprensivo, ponerse en su lugar, apoyarle y predicar con el ejemplo, pero ¿cuándo empezar? y ¿cómo se educa a un bebé pequeño que no habla y apenas hace caso?

Para solucionarlo me he aferrado a mi instinto, aunque no sé si con acierto, porque después de reñir al enano por romperme la segunda lámpara consecutiva de la mesilla me sale darle un achuchón y un beso para que no se asuste. Y cuando él me sonríe como si nada caigo en la cuenta de que quizá no está captando el mensaje y no le importa seguir destrozándome cada una de las lámparas que ponga encima de mi mesilla. ¿Pero dónde está el límite? ¿Hasta qué punto hay que mostrarse serio e inflexible con algo? ¿Dónde está la frontera entre ser permisivos y demasiado severos?

¿Tengo que negarme a darle una galleta cuando me la pide a gritos porque no se ha querido terminar la papilla de frutas? A veces pienso que soy demasiado blanda con él, y otras que no pasa nada por hacerlo feliz con una galleta más. ¿Me merece la pena pasar la tarde discutiendo por dos cucharadas más de frutas? ¿O estaré abriendo la puerta a que mi hijo esté consentido y a que no pueda controlar sus rabietas?

Tengo el instinto bastante atrofiado y últimamente no suelo encontrar una respuesta. Esta vez, en este post, soy un mar de dudas y preguntas. Lo que al menos sí tengo claro es que el curso que viene me apunto a la primera clase de padres que vea, pero mientras tanto, a empollarme artículos como éste. ¿Cómo lo estáis haciendo vosotras?

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7 pensamientos en “Aprendiendo a educar

  1. Estoy de acuerdo contigo en que educar no es nada fácil. A mi también me pasa que a veces siento que me gana, y que se sale con la suya aunque yo crea que no es lo mejor que podemos hacer, pero es que tampoco me gusta verla llorar. Así que también hago un poco lo que me dice el instinto. Si lo que esta haciendo o quiere hacer es algo peligroso no hay negociación que valga, pero si como bien dices quiere una galleta no se la voy a negar.
    Muaks

    • Qué difícil encontrar el equilibrio. Yo tampoco sé si merece la pena hacerle llorar por una tontería, pero siento que me gana y sabe cómo hacer para conseguir todo, ¡y es un chiquitajo! Si vieras lo loco que se pone mi enano con las galletas y todas las que pide a lo largo del día no sé si lo tendrías tan claro, jajaja 😉 ¡Un manual de instrucciones ya!
      Muchas gracias por el comentario, ¡un beso!

  2. El artículo que enlazas me ha parecido súper interesante.
    Ahora mismo estoy en el mismo punto que tú, no sé cómo actuar cuando Redondo hace una trastada. Si le riño o se lo toma a coña y se ríe o se lo toma muy en serio y llora desconsolado. Y claro, a mi me da tanta penita verlo llorar con lágrimas y todo que lo abrazo y le doy besitos. Qué difícil es todo esto de la maternidad!

  3. Yo soy de las que piensa que a un bebé se le educa desde el primer momento, pero que tienes que hacerlo según te diga tu instinto. Por ejemplo, el tema de la galleta, porque no se la vas a dar? si normalmente se come el puré y ese día por lo que sea no le apetece mas, tampoco hay que hacer un drama.
    Yo también creo que soy algo blandita con él, y le riño pero acabo siempre con un beso.
    Eso si, me muestro muy tajante con temas de seguridad, “me da igual que llores, pero con los cables no se juega”, por ejemplo.

  4. Yo creo que lo que desde luego no merece la pena es que te lleves un mal rato por cuestionarte a ti misma como madre. La crianza (sobre todo con el primer hijo), es una experiencia de ensayo-error en toda regla. Piensa que los errores que cometas te servirán para mejorar y que, en ningún caso serán tan perjudiciales para tu hijo.
    La semana pasada tuve una conversación sobre este tema con un psicólogo, sobre hasta cuándo hay que coger a un niño siempre que lo pida. Fue una conversación larga e interesante en la que no terminamos de llegar a un punto en común, pero me dijo algo que es cierto y en lo que yo nunca había caído. La sonrisa de los bebés es una sonrisa social, saben que sonriendo, obtienen atención y aprobación. Esto no es más que un mecanismo de defensa de nuestra especie para que al ver un bebé sonreir aflore nuestra más profunda y amorosa ternura y cuidemos de él… Él me lo explicó como ejemplo de que, desde muy pequeños, tienen habilidades sociales suficientes como para actuar de forma que consigan lo que quieren (según opiniones, esto puede verse como una forma de manipular o simplemente como una forma de buscar cubrir sus necesidades), pero yo le doy la vuelta y lo veo de forma más positiva, y es que realmente tienen capacidad para interaccionar con las personas, por lo tanto, tienen ya cierta capacidad de aprendizaje.

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