Historias escandalosas de una crianza pasada

La noticia de un bebé prematuro de tres meses que ha conseguido salir adelante en la India metido dentro de una nevera de poliespan (aquí) me ha hecho recordar historias de una crianza pasada (y no tan pasada, a la luz de esta noticia) que me ha ido contando durante este año la gente mayor con la que me he ido encontrando. Cada relato me ha ido escandalizando más que el anterior, así que he decidido recopilarlos todos juntos en un post (al menos los que recuerdo), para poner en común estas prácticas abandonadas (gracias a Dios) y que nos llevemos las manos a la cabeza a la vez, como haciendo la ola. 

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Es curioso ver cómo lo que antes era lo mejor para un bebé, ahora es de una inconsciencia tremenda. El ejemplo más claro es poner a dormir a los bebés boca abajo, algo que se hacía así “de toda la vida”, hasta que los pediatras lo asociaron con la muerte súbita del lactante. Con la alimentación del bebé, sucede lo mismo. Antes, las abuelas untaban el chupete de sus hijos en azúcar (o incluso coñac las más valientes) para que el niño se callara. Y era mano de santo, claro, pero ahora no podemos hacer nada más que escandalizarnos, sobre todo cuando los pediatras nos dicen que el azúcar, ni probarlo hasta que pase el año. Por eso no me extraña cuando mi suegra me cuenta cómo les ha echado a sus hijos leche condensada en la papilla de frutas de la merienda. Cosas de otros tiempos.

Hace años no se ponía a los bebés al pecho nada más nacer, ni se les ofrecía la teta, aunque nos parezca ahora ilógico y antinatural. Según me han contado, en cuando nacían se los llevaban y les daban un biberón con una especie de infusión para que expulsaran el meconio. Algo así como una lavativa. Impensable en estos tiempos.

Y a las mujeres recién paridas (por supuesto sin epidural) les estrujaban la tripa con masajes para “limpiarles bien” y hacer que expulsaran todos los restos de placenta y coágulos. “Y cuanto más daño, mejor”. Porque claro, no había ecografías ni revisiones para seguir la evolución del útero de la madre. Una práctica que no me la quiero ni imaginar y que me recuerda mucho a la maniobra de Kristeller. En China, y esto aún se sigue haciendo, las madres se encierran en casa durante la cuarentena, con las persianas bajadas y las ventanas cerradas. Al menos es lo que me contó la camarera china del bar de la esquina.

Por cierto que a mi suegra llegaron a decirle hace una semana que con esta “modernidad” de la epidural, las mujeres “se pierden lo mejor del parto” porque no pueden moverse. Como si fuera una anestesia general y como si optar por un parto con menos dolor fuera simplemente una moda o una opción de cobardes.

Imagen de Gualberto107, de Freedigitalphotos.net

Como tampoco había incubadoras, o no para todo el mundo, a los niños prematuros se les metía en una caja con una bombilla para darles calor, como se tiene ahora a los pollos. Esto sucedía hace más de sesenta años, pero cuando te señalan a una persona y te explican cómo salió adelante en esas condiciones, impresiona.

También sobrecoge lo que se les hacía (y quizá alguna lo siga haciendo, visto lo visto) con los niños a los que les están saliendo los dientes: rasparle con un dedal la encía para que el diente salga antes y mejor. Esto me lo han llegado a recomendar para mi pitufo y tan sólo hace seis meses.

Ante consejos así no queda otra que callarse, sonreír y marcharse rápido, porque si te enzarzas a discutir te saltan con un “pues así se hacía antes y mira qué bien hemos salido”. Y ese argumento pesa como una losa y parece irrefutable (ya lo decía Un papá en prácticas en su colección de frases de manual). Para qué vas a liarte a explicar que el índice de mortalidad infantil era superior, que también antes morían muchas más mujeres por el parto y que la ciencia avanza. A veces pienso que es mejor que sigan pensando que hicieron lo mejor para sus hijos que desmontar de principio a fin su crianza y hacerles ver que las cosas no se eran así. Y, además, quizá en unos años vengan a decirme a mí lo mismo.

¿Conocéis más historias de este tipo? ¿Qué cosas creéis que serán cuestionadas en unos años sobre nuestra crianza?

Imagen de Freedigitalphotos.net 
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18 pensamientos en “Historias escandalosas de una crianza pasada

  1. Yo tengo claro que, dentro de 20 o 30 años, o antes, nos dirán que hay que hacerlo de otra manera… Es más, ya hoy, con eso de que hay estudios para dar y tomar, a veces se contradicen en temas sanitarios… Por cierto, a las recién paridas les siguen haciendo eso del masaje para ayudar a expulsar coágulos, a mí me lo hicieron las dos veces tras expulsar la placenta, y he de decir que sin epidural es horrible.
    Por cierto, hoy en día también las hay que dice que quieren parir sin epidural, y ya te digo yo que he parido de las dos maneras, que peor para ellas, un abismo entre un parto y otro en cuanto a dolor.
    En fin, tiempo al tiempo, pero no te creas que las cosas cambiarán poco de aquí a unos años. Espero que para bien aunque verás cómo enseguida hacen úteros artificiales, en fin….

    • Jajja ¡úteros artificiales! Pues vete a saber. Lo del masaje creía que era algo del pasado, mira. A mí me lo hicieron pero porque fue un caso raro y se me quedó la placenta rota dentro, y tuvieron que sacarla a mano. Pero no sabía que era algo tan extendido.
      Lo de la epidural es un tema polémico. Yo intenté dar a luz sin ella pero después de cinco horas insoportables acabé pidiéndola. El mejor invento del mundo. Pero hay partos más dolorosos que otros, cada caso es distinto. El mío fue muy complicado y provocado, así que no sé si en otro caso hubiera podido tener un parto natural. Pero admiro a las que lo hacen sin epidural.
      ¡Gracias por tu opinión!

  2. Ayyy lo del dedal me ha impresionado mucho! pobres niños!
    Lo del masaje uterino se hace, pero no es (o no debería serlo) doloroso ni mucho menos. A veces tras la salida de la placenta se sangra un poco, el masaje uterino provoca contracciones, que hacen que los vasos sanguíneos que unían útero y placenta se cierren. Por eso ante la amenaza de un parto prematuro no hay que manipular el abdomen, porque propiciamos las contracciones 😉
    Esa idea de la epidural la tiene mucha gente: con epidural = cobarde, sin epidural = valiente, olvidando así que ponérsela o no, no es más que una decisión de la mujer, completamente respetable como cualquier otra.
    Creo que es importante darse cuenta de que lo que nos escandaliza hoy, probablemente lo sientan las próximas generaciones con prácticas que realizamos hoy en día. No existe la crianza perfecta, porque es un proceso dinámico que mejora y se adapta a cada familia.
    Algo que se hacía antes y se sigue haciendo, es introducir objetos por el ano del bebé para que haga deposiciones. Cerillas, bastoncillos humedecidos, algodón mojado en aceite, ramitas de perejil… que se lo cuenten a una amiga, que su madre le perforó así la mucosa rectal y por una mala cicatrización le ha quedado una leve incontinencia fecal… La mucosa rectal de un bebé es sumamente delicada y estas prácticas están completamente desaconsejadas hoy en día 😉

  3. Ay Dios mio! Cada historia peor que la anterior, pero lo de rasparle la encía con el dedal me ha dado una grima tremenda… ¿de verdad hay alguna madre que sea capaz de hacer eso?
    La historia de la nevera me ha matado directamente. Yo creo que debe de haber algún error, la niña nacería tres meses antes de la fecha, digo yo. Por que es que un feto de tres meses ni incubadora, ni nevera ni la virgen de Lourdes, me parece a mi ¿no?

  4. Mojar el chupete en miel y si el niño no quiere comer, meterle una cucharada de comida a traición y a la fuerza y taponarle la boca con el chupete, porque claro, es preferible a que se ahogue o asfixie antes que quedarse sin comer…

  5. Hola Idoia! Que te leo mucho desde que descubrí tu blog buscando en internet algo de información sobre las salas de dilatación en Virgen del Camino, y me aparecía en gugle una entrada tuya y pinché. Je je.
    Me animo por fin a comentar 🙂
    Yo soy una de las del dedal! Jaja. Bueno, a mi no me lo hacían con un dedal, si no con una cucharilla. Me lo hacía mi padre y me lo cuenta como santo remedio. Que cuando estaba quejicosa porque me iba a salir el diente pero ahí andaba que si que no, zasca, agarraba ka cucharilla, golpeaba en la encía, la rompia y ya asomaba el diente y dejaba de estar quejicosa, je je. Y lo de la ramita de perejil por el ano también..eso me lo hacian mi abuela y mi madre. Todo eso no lo recuerdo, pero me lo cuentan como lo mas normal del mundo!!
    Por cierto, me gusta mucho como escribes 😉

    • Hola, Myriam, no sabes cómo me alegra tu comentario y cómo me he reído al leer que has salido adelante con esas cosas que te hacían, jajaja 😉 Uy, yo no me atrevería a lo de la cucharilla, de hecho no podría ni ayudarle a mi hijo a quitarle un diente que se le mueve atándolo con una cuerda a la puerta y cerrándola de golpe.
      Pero mira, todo te funcionó. Muchas gracias por el comentario y anímate cuando quieras a escribir más por aquí 🙂 ¡un beso!

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