Los niños son para el verano

Creo que mi hijo también sufre una pequeña depresión postvacacional, como nosotros. Ha vuelto de las vacaciones completamente asilvestrado. Quiere estar desnudo, sin pañal ni ropa, y todo el calzado le molesta. Ansía corretear por el césped y por la arena libre, sin horarios, comiendo lo que sea cuando pueda, probando de todo, y durmiendo sólo cuando sus pilas están completamente agotadas. Y es que los niños son para el verano, o el verano para los niños, como quieras decirlo.

Es curioso que hemos hecho lo mismo que siempre, pero en un contexto diferente. Ahí está lo emocionante del asunto. Donde se volvía loco viendo autobuses, ahora apunta con su rechoncho dedo a los yates y barcos que ve cruzando el horizonte. Y si su segunda afición era perseguir palomas por la calle, ahora ha descubierto que aún hay aves más grandes, las gaviotas, y que son mucho más divertidas porque chillan mucho y también bajan a beber agua a la piscina. Ha seguido jugando con piedras, con el agua de la piscina, comiendo en trona, durmiendo en cuna. Pero todo ha sido diferente, y aún se aferra a ello.

Hemos vuelto sin que diga ninguna palabra, pero con nuevos trucos. Ahora sabe dar abrazos, y los da cuando quiere y en los momentos en que sabe que nos gana, como cuando nos hemos enfadado con él o nos ha pegado. Pone morritos y nos partimos de risa, por eso lo usa como una segunda arma para conseguir lo que quiere. Y ha aprendido una tercera cosa importante, a comer aceitunas y a sacar él solo el hueso. Sabe qué se come y qué no, aunque la arena y las piedras le sigan pareciendo apetitosas.

Ha aprendido que su casa está donde estemos nosotros, y que sus cosas son las que encuentra alrededor. Capaz de jugar con la misma intensidad en el paisaje más maravilloso y en el parking más sucio de una gasolinera de la autovía.

Grandes lecciones que se aprenden sólo en verano, en una única semana. Siete días con las mismas horas que las demás semanas, pero en la que hemos estado 24 horas sólo para él. Esa ha sido la diferencia. No nos hemos perdido ni un minuto, ninguno de sus morritos ni de sus nuevas caras. Partiéndonos de risa en el coche, asombrándonos con su concentración a la hora de jugar con cuatro piedras, persiguiéndole mientras se escapa a gatas por entre las sábanas por esa camas de matrimonio extra. No hemos tenido casi ratos a solas ni hemos podido hacer esas cosas especiales que vivimos en vacaciones pasadas: cenar solos a la luz de las velas, nadar con delfines, montar en camello o escalar una montaña. Pero esos morritos bien valen unas vacaciones.

madre y bebé en vacaciones, en el mar

Ha pasado ya un año entre estas dos fotografías.

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38 pensamientos en “Los niños son para el verano

  1. Qué envidia! ¿Cómo no va a preferir las vacaciones? Si es que es el único momento donde de verdad pueden ir a su ritmo.. ¡Qué gustazo! Me alegro de que lo hayáis pasado tan bien.

    Un beso!

    • Sí, muy a gusto, ¡qué tristeza volver! Al principio nos costó coger su ritmo pero es inevitable y la mejor forma de disfrutar todos: o vas a su ritmo de siestas y a su velocidad, o no hay nada que hacer. ¡Un beso!

  2. De todo lo que hay en tu post de hoy ¡me quedo con la cantidad de pelo que le ha crecido a tu bebé de un año para otro! Porque yo ando todo el día a vueltas con lo pelona que es mi bichilla, e imágenes como estas me tranquilizan. ¡Han sido unos días de vacaciones muy bien aprovechados!

  3. Ayyy, es que para ellos, sólo ese cambio, el de estar con sus padres todo el día, ya es suficiente para que se revolucionen. Yo con Rafa no lo noto porque no va a la guarde y está casi siempre conmigo pero Alfonso está mucho más movido sólo por terminar el cole y estar conmigo y con Rafa. Y ya no te quiero contar si a eso le añades el ir de vacaciones, en tu caso aún lo notaría mucho más porque no tenéis playa para ir a diario. El verano les encanta, pero estoy segura de que cuando sean un poco más mayores, estaremos deseando que empiece el cole en septiembre 😉

    • No te creas, a este hijo le tira más la piscina que la playa, es de interior y bastante cagueta con el mar, jeje. Pero sí, el estar con nosotros todo el día le ha gustado, y eso que nos tiene casi todo el día a uno o al otro.
      Y bueno, quizá en unos años sí esté deseando que llegue septiembre, aunque espero que no se me revolucione a esos niveles 😉

  4. Ayyyy el verano!! Es que todo se vive tan diferente en verano… Yo me quedaría de vacaciones para siempre, sin horarios, experimentando..anarquía de rutinas!! Y es verdad que ahora ya no hacemos cosas especiales que hacíamos en otras vacaciones, pero ahora, hacemos otras que llenan más verdad?

    • Pues sí, qué gusto estos días. Lo malo es que ahora nos cuesta mucho más volver a instaurar los hábitos, tiene el horario cambiado… A ver cómo lo solucionamos antes de la guardería. Uf, sudores fríos 😉

  5. Ooooh! grandes esas fotos!!! 😀
    A nosotros nos ocurre exactamente igual que a los niños con los pequeños cambios, lo que ocurre es que crecemos (o degeneramos, más bien, jajaja) y dejamos de apreciar las pequeñas cosas. En esas pequeñas sensaciones se basan la aromaterapia, la cromoterapia… Detalles casi insignificantes, modulan nuestro bienestar y nuestro estado de ánimo. Los niños tienen suficiente con esas cosas sencillas para notar grandes cambios, deberíamos aprender de ellos!

    • ¡Gracias! Yo creo que las vacaciones están casi olvidadas si no fuera porque vuelvo a ver las fotos del blog, jaja. Ahora a disfrutar del resto del verano por aquí, que no está nada mal. ¡Un beso!

  6. Qué post más bonito!! si es que los niños se lo pasan genial en verano, jugando al aire libre… y si encima son vacaciones y sus papás están con ellos todo el día ni te cuento…
    Qué envidia me has dado… a mí me queda poco más de una semana para emezar las mías, no veo llegar el momento…
    Por cierto, la comparativa de las fotos me encanta 🙂
    Besos!

  7. totalmente de acuerdo…el verano es para los niños. Mis hijas vuelven de mis viajes a barcelona con una recarga de energia, de nuevos estimulos, de recibir cariño por todas partes y a todas horas, y alucinando con las diferencias que descubren entre una ciudad y otra. Es alucinante verlo.

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